Un Segundo

© 2000 Arturo Busleiman, buanzo.com.ar.

Hermoso día, la verdad, como nunca antes lo hubo.

Ya me encontraba yo camino a la oficina, iba por la autopista con mi auto último modelo, comprado hacía dos semanas solamente, por lo que manejarlo era un verdadero placer. En el estereo sonaba la música de mi banda favorita, y cada acorde me hacia vibrar de emoción, ya que era la grabación en vivo del único recital que dieron aquí.

Si, era un día perfecto.

Diez minutos mas tarde estacionaba en la cochera del hermoso edificio de oficinas y el ascensor, maravilloso de última tecnología y de alta seguridad, no tardó en hacerme llegar al décimo piso, de los treinta que tenía el edificio.

Buen Día, señor. ¿Cómo se encuentra hoy usted?

La voz de mi secretaria es la que escucho, una excelente profesional a la cual muy pronto le daría un ascenso al nivel ejecutivo.

La verdad que me levanté‚ ciento por ciento feliz. Si alguien transcribiera mis pensamientos, un oportuno lector diría que soy patéticamente optimista.

Me alegra verlo de buen humor, Señor. Es un hermoso día, ¿verdad?

- Así es, eso mismo pensaba hoy en el auto, el corto viaje desde mi casa a la oficina lo disfrute muchísimo. ¿Algún mensaje?

- Aún no, pero le recuerdo que debe firmar las autorizaciones.

- Ah si! ¿Las que olvide en mi escritorio anoche, no?

- Exacto. - Muy bien, entonces voy a mi oficina. Le voy a pedir que por favor me traiga un café, si es tan amable.

- Como no.

- Gracias.

Mi oficina es grande, iluminada, cómoda hasta para pequeñas reuniones entre mis colaboradores. Incluso he almorzado en muchas ocasiones en ella. Me agrada verdaderamente, y es un placer que me la hayan otorgado cuando me ascendieron a Gerente Comercial. "Me rompí el lomo laburando", así que me la tenia bien merecida.

En el momento exacto de terminar de firmar las autorizaciones llega mi secretaria con el café, y me dice: -Camino a la expendedora me crucé con el Gerente General, y me pidió que le avisara de que debe ir a verlo a las 9:30am.

- Muchas gracias.

Continúo trabajando, y 9:25 dejo mis labores y me dirijo a la oficina del Gerente Comercial, en el séptimo piso. De vuelta al ascensor, 3 años y todavía me sigue maravillando. Su panel digital es sensacional. Es muy rápido y suave, también.

- El señor Gerente me espera, tengo entendido.

- Así es. Por favor pase.

- Gracias.

Por supuesto que la oficina es mucho mas grande que la mía, pero su decoración deja mucho que desear.

- Permiso, señor Gerente.

- Adelante, Salvo. Siéntese, por favor.

- Gracias.

- Iré al grano, Salvo. Debo anunciarle con mucha tristeza que usted queda despedido desde este momento, ya que el nuevo Holding desea poner gente suya en los cargos. Me da tristeza porque también me va a tocar a mi en cualquier momento. Lo siento mucho, Salvo. Verdaderamente. Usted es un excelente profesional...

No puedo hablar, no me salen las palabras, el aire se niega a salir o entrar de mis pulmones, verdaderamente terrible. No comprendo. Es terrible, a los 40 años no me va a tomar nadie en ninguna empresa, me van a reemplazar por alguien sin experiencia y joven, para tener que pagarle menos. La vida es injusta, ¿por que mierda no solo me disminuían el sueldo en vez de echarme? La excusa de querer poner gente propia est muy gastada. No puedo ver.

- ... pierte, despierte. Muy bien, ¿como se siente?

- Agh... agua por favor.

- Señorita, traigale agua, rápido.

Luego de beberla me sentí mejor, me tranquilicé y decidí concentrarme en mi respiración. Desmayos, los odio, el mareo es terrible después. Recuerdo la causa para el mismo. Mierda. No tengo familia. Me divorcié hace 8 años y nunca volví a tener una pareja estable, aunque hay una mujer que pareciera interesarse en mi. No tengo hijos, esa es una de las razones por las cuales me divorcié: mi mujer no los quería. Estúpida. Mis padres ya murieron y tengo pocos amigos... ahora que lo pienso debe ser por eso que trabajo tanto, ¿o será que por trabajar tanto no los tengo...?

Me alejo de la oficina sin darle explicaciones a nadie, y haciendo oídos sordos a todo el mundo. Me dirijo al ascensor, y por primera vez presiono el botón que me llevar al trigésimo piso. Al llegar veo el famoso helipuerto, el cual yo hasta ese momento nunca había visitado. Camino tranquilo, y al llegar a la cornisa me arrojo al vacío, sin pensarlo.

...

Dicen que en el segundo antes de morir toda la vida de uno pasa por delante de los ojos, y ahora veo que es verdad. Como espectador externo de mi vida, veo mi nacimiento, mis padres, mi infancia, la secundaria, mis compañeros, veo mi casamiento, la muerte de mis padres, mi divorcio y veo a aquella mujer, aquella mujer que me mira con ojos tristes cuando yo le dije que no quería estar con ella, escucho que me dice que me ama, y la veo correr alejándose de mi, y comprendí en ese momento que yo también la amaba, y no me quise morir.

Fin