Rutina

(c) 2002 Alejandro Pablo Gaggino alejandrogaggino@hotmail.com.
Publicado por primera vez en buanzo.com.ar

Se levanto de la cama, con es sensación de que podría haberse quedado mas, pero ya era demasiado tarde. Miro a su lado y no le sorprendió que la cama no haya sido usada. Se despojo de los últimos restos de sueño que raptaban por su mente y se acerco al baño donde se lavo los dientes, hizo sus necesidades y se miro al espejo. No le gusto lo que vio, una señora de alrededor de 45 años que le devolvía la mirada. Algunas canas prematuras habían hecho su aparición, pero a pesar de todo su pelo seguía siendo tan abundante como cuando tenia 20. Con un suspiro de resingnacion fue al living. Encontró a su marido durmiendo en el sillón que se estaba justo enfrente de la tele. En la tele se podia ver el canal de noticias (como era costumbre) y el volumen estaba lo suficientemente alto como para molestar a cualquier persona que no fuera sorda.

Juan José Castillo, cuantas veces tengo que decirte que no tienes que quedarte viendo tele hasta tarde!?.

El aludido se despertó con un sobresalto, y se quedo inmóvil.

-Quieres el desayuno? Creo que quedó el café con leche que no tomaste ayer. Si sigues así te enfermaras, nunca comes, estas todo el dia tirado viendo tele- replicó Marta.

Se acerco a la cocina y calentó café. De la heladera saco la taza de cafe que habia quedado del dia anterior y también la calento. Abrió la alacena, saco un par de galletas que coloco cuidadosamente en un plato y espero a que el cafe estuviera listo. Lo sirvió con una medida de leche, y coloco, todo esto en una bandeja que llevo al living.

Anda ven a desayunar. Aunque estaba convencida que era innecesario pedirlo ya que su esposo se quedaría viendo la tele todo el dia. Ves, se te ha enfriado el café con leche, te lo dejare en la heladera por si tienes hambre a medio dia.

Dicho y hecho. Marta se dispuso a hacer los quehaceres domésticos, sin molestar a su esposo que lo único que hacia era ver tele a un volumen ensordecedor.

Al mediodía preparo una tortilla de papas y unas milanesas, solo para que se repita el rito de la mañana y comiera sola, viendo como lo único que hacia su esposo era reposar en su sillon.

El día paso sin novedades y a las 7 de la noche Marta dijo en tono solemne:

-Espérame aca, se que no te gusta lo que tengo que hacer y para ser sincera a mi tampoco, pero debo. Prometí que lo haria. Eso si, apagare la tele a ver si duermes un rato.

Se maquillo sutilmente, agarro su cartera y se dispuso a salir, comprobó que tenia las llaves en el bolsillo y se encamino al cementerio que quedaba a un par de cuadras.

Cuando llego, saludo al sereno, compro rosas en la entrada, busco la parcela 80, se arrodillo frente a la lapida y lloro amargamente. Se podía leer el sig. epitafio:

Juan José Castillo 1940-1999. Buen esposo y mejor padre. Prometiste nunca dejarme y se que lo vas a cumplir. Te ama tu esposa Marta.

Dejo las rosas, y volvió a su casa con paso cansino.

Así que despertaste? Le dijo a alguien que debía de haber estado en el sillón, pero que no existía hacia años. Bueno, te dejare la tele encendida así ves las noticias. No te quedes dormido asi después vienes a la cama que me siento sola.

Comió los restos del almuerzo y se retiro a dormir esperando a su esposo, que intuia nunca a volver.

Se levanto de la cama, con esa sensación de que tendría que haberse quedado mas, pero ya era demasiado tarde para eso. Se acerco al living y vio la tele encendida. "Otra vez se quedo despierto viendo el noticiero" pensó y fue a buscar la taza de café con leche que había quedado del dia anterior.

Fin